Estamos a mediados de noviembre, es domingo y amo ir al parque en Rosario los domingo, sobretodo al Parque España y tener vista al río.  Hace un rato volví a mi departamento, es raro pero todos los días siento que me despido de este lugar en el que viví 6 años, en los que fui muy feliz y en los que me hundí en un poso depresivo. Y bueno, la vida tiene esas cosas.

Esta semana volví a escribir o mejor dicho volví a publicar lo que escribo. Hablé de mis host, de mis amigos, de mis intercambios. De lo raro de Egipto, de lo bizarro de vivir en un convento de monjas o lo malas que eran mis compañeras de piso en España.

Ahora es momento de hablar de mi último voluntariado, de mi experiencia con una host family colombiana, de sangre costeña. Gabriel García Márquez, en las entrevistas, decía que el costeño es más cercano, más confianzudo, más hermano. Coincido plenamente, nunca antes, sentí en tan poco tiempo tanto cariño, tanta confianza.

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Un día de camino a la ONG escribí en mi blog de notas:

Tengo una familia,

tengo mimos,

patacones.

y un mensaje de buenas noches.

Tengo fiesta y charlas.

Comida y ejercicios.

Momentos para mí y para compartir.

Fútbol y música.

Brasileños y colombianos.

Trabajo y descanso.

Tengo mar enfrente de casa y eso me parece fantástico. 

Tengo algo que me fascina mucho más que el mar,

tengo intriga por lo nuevo,

tengo satisfacción por cada día probar una comida distinta,

por aprender una nueva palabra

o intentar bailar vallenato.

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El 1 de marzo cuando me bajé en la terminal de colectivos de Barranquilla luego de un viaje de 25 horas desde Argentina (en realidad existe un vuelo directo por 9 horas pero salía cuatro veces más). Al bajarme del bus un grupo vestido de colores y al ritmo de música festiva, o mejor dicho música de Carnaval, fue lo primero que vi. En ese momento, pensé  “no hay dudas llegué al Carnaval de Barranquilla” sin saber que eso no sería ni el 1% de lo vería después.

Una persona me fue a buscar a la terminal y me llevó hasta el shopping Buena Vista, donde me estaban esperando Alexandra y Zulema (su mamá), mi host family. Alexandra, la noche anterior, me había escrito para decirme que iba a ser mi host y que esperaba que me guste beber alcohol, porque sino la iba a tener que ver llegar borracha todas las noches.

Zulema, apenas me vio me dijo “desde ahora voy a ser tu nueva mamá”. Fuimos a buscar un regalo a una juguetería del shopping y después a buscar a la integrante más pequeña de la familia: Valentina (hija de Jessica). Después llegamos a Puerto Colombia, el lugar donde está la casa y conocí al resto de la familia: Nono (papá de Alexandra), Jessica (hermana de Alexandra) y la abuela.

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Ese mismo día, pasamos a la casa de Tía Clarita y conocí al resto de la familia. Más tíos, abuelas, abuelos, primos e incluso familiares que estaban de paseo. Al otro día muy temprano nos íbamos al Carnaval, al segundo mejor Carnaval después del que se realiza en Río de Janeiro.

Mis primeros cuatro días se resumen en dormir, comer, tomar, ir de fiesta, bañarme y repetir. Por suerte, en una revista que entregaban el primer día de Carnaval, leí un artículo que decía que los extranjeros no tomen al nivel de un costeño, ni siquiera si en su país estaba acostumbrado a beber mucho. Eso, me sirvió de excusa para tomar una birra cada dos que se tomaba Alexandra y Atilio (su primo). También  a la hora de tomar ron me sirvió para saltearme algunas rondas.

La gente se viste con remeras de colores, va a distintos conciertos y desfiles, pero también festeja el Carnaval en casa. Y mi familia no era la excepción, por eso un día con Alexandra llenamos la casa de papelitos de colores y vinieron familiares, amigos e incluso una banda.

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Después terminó el Carnaval y la gente volvió a su vida normal. Aunque mi familia siempre encontraba algo para hacer una fiesta, que tomemos y bailemos. Como la entrega de título de Atilio, el cumpleaños de Tía Clarita o mi despedida.

Alexandra me presentó sus amigos en Carnaval y de repente también eran mis amigos e incluso me llevaron a ver a Junior, el equipo de Barranquilla, al estadio cuando jugaba contra Palmeiras por la Copa Libertadores. Me invitaban a ver los partidos, a comer, a salir y yo me divertía enseñándoles cómo tomar mates.

Además de mi familia, me hice amiga de tres chicos brasileños con los que trabajaba en la ONG. Sobretodo con Veve, mi amiga con la que sentía que éramos gemelas y su host family que eran unos tiernos absolutos. Por cierto, un día la mamá de Alejo, el host de Veve, nos hizo sancocho para nuestro grupo y estaba delicioso.

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El sancocho, el patacón y las arepas eran mis debilidad. Iris, la señora que cocinaba en casa, un día me mostró cómo hacer arepas y Atilio me enseñó a hacer patacones. Yo, por mi parte, hice empanadas, desde la masa al relleno, y alfajores de maicena para compartir.

Es difícil escribir en un artículo lo que significó mi intercambio en Colombia y lo que siento por mi familia colombiana, pero les dejo lo que pude esbozar en el aeropuerto con todos los sentimientos a flor de piel:

Me quedo con el “te queremos de Zule” después del incendio, con la cara de Nono por llegar a despedirme, con la charla tomando Fernet con Alexandra, con la mirada de Atilio, con los “no quiero que te vayas “ de Valentina, con los “che boluda” de Jessica, con los stickers del grupo, con los noches de partido, con la cena con mi amigo en Bogota, con los chicos cantando en mi despedida, con el abrazo de Vero, con los atardeceres en la playa, con los encuentros en Buena Vista, con el “no te voy a soltar para que no te vayas” de Jorwin, con las cartas de los nenes. Con las arepas de Iris, los patacones y las cientos de sopas. Con la charla con Tía Clarita, con los “hoy viene churrasquito” de Marta, con las sonrisas y con los abrazos. Con las noches de ron, con los días de carnaval y con las cientos de palabras nuevas.  Con los viajes a Tayrona, Minca y San Andrés. En fin, con todo lo que viví y con las ganas de regresar pronto. En mí quedará por siempre un pedacito de Puerto Colombia y Barranquilla, de su gente, de su comida y de su cultura. Viajar será siempre la mejor inversión que puedo hacer. Me vuelvo a Argentina repleta de recuerdos, de aprendizajes y de cariño. Gracias Colombia por tanto ♥️🇨🇴